A cada paso, siempre he compartido mi camino de aprendizaje, con aquellos compañeros de viaje que se han acercado a mi de uno u otro modo.
Aunque he de reconocer que este blog en cocreto, nace con la intención de hacer visible la huella de mis pasos para mi misma, y solo de forma secundaria para otros caminantes
La socorrista del tatuaje en el antebrazo descargó su malestar con la usuaria.
El socorrista que se tiñó de rubio platino había descargado su malestar con ella.
Esto reforzó la expectativa de maltrato pre-existente.
En base a la cual salió perjudicada la socorrista sensible que no tenía culpa de nada (esa vez)
¿Qué pasará a continuación?
El personal de recepción amplificará el problema.
¿Cuál es la solución?
El sometimiento silencioso de la víctima
El mal menor es dar por perdidos y evitar todo contacto con personas tan tóxicas que escogen voluntariamente desencadenar esto:
(y también a quienes les respaldan y les dan carta blanca)
A la atención del responsable de socorristas de la piscina cubierta de Mislata:
La crisis que me provocaron tus socorristas el sábado te da una idea de lo mucho que se han estado pasando conmigo en pequeñas micro-agresiones demasiadas veces.
Lo que espero de tos socorristas a partir de ahora es que me obliguen a asumir la culpa de lo ocurrido para sentirse buenas personas a pesar de llevar tanto tiempo tratándome mal.
El miedo se supera con terapia de exposición así que mi parte ¿es continuar nadando ahí?, aunque dudo que consiga revertir el daño psicológico que ya me han causado.
¿ guardarán las distancias y me dejarán en paz?
Me sorprendería gratamente, la verdad.
Son personas jóvenes en un trabajo frustrante, aburrido, con sueldos pequeños, pocas opciones de ascenso profesional y que miran para otro lado ante el porcentaje de usuarios que no cumplen las medidas básicas de higiene.
Es lógico que necesiten descargar su malestar, pero conmigo, ya no va más.
Yo no encajo en el rol de víctima silenciosa que necesitan para sentirse bien a mi costa.
Conforme salía de la instalación la última vez, desde el mostrador de recepción, uno de los empleados más antiguos me gritaba;
-”¡Qué ha pasado (y mi nombre)!”-
Fue una expectativa de mal-trato autocumplida... demasiadas veces:
Si les quedara algo de buenas personas o el más mínimo interés por reparar el daño que han causado, harían una colecta y me devolverían el importe del bono anual.
(Menudo chiste, alguien que se comporta como han estado haciendo solo irá a peor)